Tener flujo vaginal es normal. La vagina se limpia sola y ese flujo es parte del mecanismo. Cambia a lo largo del ciclo: más abundante y elástico cerca de la ovulación, más espeso después, distinto durante el embarazo o si usas un método hormonal. Nada de eso es un problema.
Lo que orienta a consultar no es que haya flujo, sino que cambie respecto de lo tuyo habitual.
Señales que sí conviene revisar
- Olor fuerte o desagradable, sobre todo si es más marcado después de las relaciones
- Color verdoso, grisáceo o amarillo intenso
- Textura muy grumosa, tipo requesón
- Picazón, ardor o irritación en la vulva
- Ardor al orinar o molestia durante las relaciones
- Flujo con sangre fuera de la regla
Con dos o más de estas juntas, la consulta no debería esperar al control anual.
Lo que conviene no hacer
- No te duches por dentro. Las duchas vaginales alteran el equilibrio que protege la zona y suelen empeorar lo que intentan resolver.
- No repitas un tratamiento de una vez anterior ni el que le funcionó a otra persona. Distintas causas se ven parecidas por fuera y responden a cosas distintas; un antimicótico contra algo que no es un hongo solo retrasa el diagnóstico.
- No uses jabones perfumados ni desodorantes íntimos en la zona.
Qué se hace en consulta
Se conversa sobre desde cuándo, qué notas y qué has usado, y según el caso corresponde un examen y la toma de una muestra del flujo para saber qué lo está causando. El tratamiento se indica después de eso, no antes: es la diferencia entre resolverlo y estar meses probando.
Si estás embarazada, cualquiera de estas señales se consulta sin esperar.
Esta respuesta es informativa y no reemplaza una evaluación. Ningún tratamiento debe iniciarse sin indicación médica.
¿Tu caso es distinto?
Esta respuesta es general. Lo que corresponde en tu caso se define en consulta, después de revisar tu historia clínica.
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